Es obligatorio para los clérigos y religiosos vestir como tales.

“Cuando el abad del convento se pasa el día jugando a los naipes, imagínense lo que estarán haciendo los frailes”.

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Recordamos en muchas ocasiones un viejo dicho bien español que, aunque referido a los clérigos, se puede aplicar, y de hecho se debe aplicar, a todos los sectores. El dicho reza así: “Cuando el abad del convento se pasa el día jugando a los naipes, imagínense lo que estarán haciendo los frailes”. Y cuánta verdad hay en él. Cuando quien tiene la autoridad no la ejerce, no sólo la pierde, no sólo incumple con sus más principal obligación, sino que causa el desastre en todo y en todos.

Lo anterior viene a cuento de nuestra campaña para intentar que de una vez por todas los curas y las monjas vistan como tales, como lo que son y de la forma a como están obligados.

Claro que si no lo hacen muchos de ellos es en más que buena medida porque sus superiores no ejercen su autoridad y les obligan, primero por las buenas, que para eso somos demócratas, pero ante los recalcitrantes y contumaces deben hacerlo por las malas, deben sentar su autoridad y la disciplina.

Y es que además lo de vestir de cura o de monja no es optativo, sino obligatorio. Recordemos lo que sigue:

Nº 66. Obligación del traje eclesiástico:

En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero —hombre de Dios, dispensador de Sus misterios— sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público. (211): Cfr. JUAN PABLO II, Carta al Card. Vicario deRoma (8 septiembre 1982): «L’Osservatore Romano», 18-19 octubre 1982.).

El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel —más aún, por todo hombre (212): Cfr. PABLO VI, Alocuciones al clero ( 17 febrero 1969; 17 febrero 1972; 10 febrero 1978): AAS 61 (1969), 190; 64 (1972), 223; 70 (1978), 191; JUAN PABLO II, Carta a todos los sacerdotes en ocasión del Jueves Santo de 1979 novo incipiente (7 abril 1979), 7: AAS 71, 403-405; Alocuciones al clero (9 noviembre 1978; 19 abril 1979): Insegnamenti, I (1978), 116, II (1979), 929.su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia.

Por esta razón, el clérigo debe llevar «un traje eclesiástico decoroso, según las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y según las legitimas costumbres locales».(213): C.I.C., can. 284. El traje, cuando es distinto del talar, debe ser diverso de la manera de vestir de los laicos y conforme a la dignidad y sacralidad de su ministerio. La forma y el color deben ser establecidos por la Conferencia Episcopal, siempre en armonía con las disposiciones de derecho universal. Por su incoherencia con el espíritu de tal disciplina, las praxis contrarias no se pueden considerar legitimas costumbres y deben ser removidas por la autoridad competente. (214): Cfr. PABLO VI , Motu Proprio Ecclesiae Sanctae, I 25 §2d: AAS 58 (1966), 770; S. CONCRECACIÓN PARA LOS OBISPOS, Carta circular a todos los representantes pontificios Per venire incontro (27 enero 1976); S. CONCRECACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Carta circular The document (6 enero 1980): «L’Osservatore Romano» supl., 12 de abril de 1980.

Exceptuando las situaciones del todo excepcionales, el no usar el traje eclesiástico por parte del clérigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la Iglesia. (215): Cfr. PABLO VI, Catequesis en la Audiencia general del 17 de septiembre de 1969; Alocución al clero (1 marzo 1973): Insegnamenti VII (1969), 1065; XI (1973),176.

Luego señores obispos, pónganse manos a la obra, espabilen, cumplan con sus obligaciones y hagan cumplir a los demás. Es muy fácil cuando se quiere, imposible cuando no se quiere, pero luego no se quejen de la “escasa visibilidad de la Iglesia” ni cuando un día tengan que dar cuenta de no haber cumplido como debieron.

 

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